31 de diciembre de 2012

Destilando el 2012

                                     Destilando el 2012
Algún día lograremos mirar el 2012 sin la rabia que destilamos ahora cada vez que recordamos sus doce meses completitos (lease el "completitos" con rabia destilada). En cierto modo a mi ya me está pasando. No me hagáis caso, soy una sentimental y de tendencia peliculera pero es que lo veo marcharse y me da algo de nostalgia dentro...
Es cierto que el 2012 nos enseñó cosas sin las que podíamos haber seguido viviendo tan panchamente. La lista es "larguita" (rabia destilada):  la prima de riesgo, la Troika, los desahucios en masa, la injusticia, la pérdida de derechos, los cierres, la caradura de muchos, el paro, las despedidas para siempre, la "aventura de la emigración" (que por cierto no hace ninguna gracia cuando la protagonizan nuestros amigos e hijas, primos, sobrinas, nietos y hermanas). La lista es tan "larguita" como dolorosa. De hecho vale más parar y no seguir pensando en el pasado año al que a partir de ahora denominaremos: "dosmildocedeloscojones".
(Respiraciones, buen rollo, respiraciones, buen rollo)
A poco que nos esforcemos (aunque cueste) también se le encuentran las guindas al pastel de 2012. Piénsalo. Seguro que hubo algo (o mucho) bueno. Tal vez solo fuera un instante. Pudo ser una cena,  un viaje,  un libro, un nuevo amigo, un grito que diste en alguna manifestación, una conversación, un resultado médico positivo, unas risas, una canción...¡Algo!. Con esto de las nuevas tecnologías y de que hay cámaras de fotos hasta en algunos empastes de dientes, es fácil echarle una mirada rápida al año y quedarte con una foto, una palabra o un instante. Con el equipaje de lo bueno nos adentramos en el 13, número al que, por cierto, España -y cuando digo España quiero decir país/nación/conglomerado/
bancomalo/coyunturageográfica- ya no le tiene superstición alguna.  ¡Quién dijo 13!.

Mi deseo: Salud, ideas, risas, proyectos, viajes, libros, películas, canciones, conversaciones y, oye, si hay que ir de manifestación, pues se va.

25 de diciembre de 2012

Desprecio

Se me había salido la cadena, la metí como pude y en un bar cercano pedí, por favor, si podía lavarme las manos llenas de grasa de la bicicleta. Entonces, un hombre me miró y dijo: "¿Bicicleta?. Mejor tabes en casa planchando, que no tienes diez años". Ni siquiera vi necesario responderle, más que nada porque no suelo discutir con ornitorrincos, pero el caso es que allí mismo al escucharle me acordé y entendí una frase que había leído esa misma mañana en el periódico: "El arma más poderosa que tienen las mujeres es el desprecio de algunos hombres".

5 de diciembre de 2012

Partes y todo: Manolita

Manolita llegó a Sama el mismo día que cumplía doce años. Hasta entonces, había pasado 11 años y once meses de su vida en un pueblo de Almería y los treinta días restantes sobre un carro, dos camionetas y un tren que la trajeron a Sama. Y aquí sigue, siete décadas después. A veces, como ahora mismo, la oigo cantar por el patio de luces. Y eso que hoy no hace un día especialmente soleado porque si no seguro que nos deleitaba con algún fandango. Aunque lo suyo es la copla. Canta bien. Siempre coincido con ella de compras por el barrio.
-"Ye que er mi Pepe"-la oigo decir en la cola de la panadería.
Y sonrío, porque percibo en ese deje astur-almeriense un sonido ancestral de las Cuencas mineras. Un acento que explica por qué somos lo que somos: muchos de muchas partes que forman un todo.
Y me presta.

2 de diciembre de 2012

Lo mío con el Instituto


Estoy escuchando tangos a la vez que escribo estas líneas. Lo digo para eximirme (al menos parcialmente) del pasteleo que voy a escribir, con total seguridad, a partir de ya mismo. Echémosle pues las culpas a la música para hablar del aniversario del Instituto Jerónimo González de Sama y darle un par de vueltas a la memoria de los años que pasé en el lugar, primero como estudiante, y después como hija de "Flora la de la cafetería". Como toda historia, lo mío con el instituto tiene un arranque en lo que denominaremos "El Principio de los Tiempos". Ésta época empezó una mañana en un pasillo largo y oscuro y terminó aproximadamente quince minutos después cuando una servidora decidió que ya estaba integrada. Al éxito de la óptima incursión en la vida de una estudiante de secundaria ayudaron muchas personas pero es imposible no mencionar a Eli y Soraya. El capítulo dos es un poco más largo. Bajo el título "En la cresta de la ola" en esta fase de la narración se abordan los altibajos propios de una relación estrecha entre institución y persona. La adolescencia efervescente y las matemáticas de Tercero de BUP son las dos grandes crisis de este periodo que terminó felizmente cuatro años (menos quince minutos) después con una nota que me permitió estudiar lo que quería.
La fase tres, denominada "¿Acuerdeste cuando en el Instituto?", suele ser, en la mayoría de historias de este tipo, la parte final. Pero en mi caso no. El anexo, sorprendente, me lo otorgó un nuevo título. Además de "alumna" o "ex-alumna", dentro de aquellas paredes a la orílla del río Nalón comencé a ser también "la hija de la de la cafetería". Aquí se abrieron nuevos horizontes y aprendimos cosas nuevas, como que los profesores también son seres vivos, mamíferos y hasta, en casos extremos, tienen buena conversación o que, al otro lado de la barrera, efectivamente el recreo parecía una estampida de zombis hambrientos. ¡Feliz cumpleaños!.

16 de octubre de 2012

Tiempo de Prestige

Foto Archivo El País.

No había Facebook, ni Twitter y mi teléfono era un One Touch Easy de Alcatel grande, pesado y amarillo. El móvil no hacía fotos y mi precaria economía de estudiante en Madrid tampoco me permitía tener cámara así que no guardo ni una sola imagen de los seis días que pasé limpiando chapapote (galipote para los astures) en las playas de Carnota y en los barcos que salían y entraban de la ría de Vigo. Durante aquellas jornadas de voluntariado, era la Navidad de 2002, nos acogieron en el polideportivo de Cangas do Morrazo. En realidad nos acogieron en todo el pueblo porque no nos dejaron, al menos a mi no, pagar nada, ni una de las cervezas que tomábamos por la noche en el bar frente al poli: "¿Una servesa?", seseaban los del pueblo y nos hacía una gracia tremenda, y nos reíamos, hablábamos de política, de barcos que se hunden, de la puta mierda del chapapote. Los que quedábamos en el puerto limpiando las barcazas comíamos en las instalaciones de la cofradía de pescadores. Primer plato, segundo plato y postre: "Come miña reiniña, come", decían los paisanos que después se acercaban a un grupo de jóvenes voluntarios japoneses que ante la presencia de los marinos se levantaban en señal de respeto. Cuando llegamos nos recibió la banda de gaitas de Cangas y para marchar una gran queimada. Los autobuses de la Complutense volvieron a Madrid, yo, como iba a ser Nochebuena, inicié un periplo por todo el Noroeste de España para poder llegar a casa. Durante días me olieron las manos a chapapote. O esa era mi impresión porque los demás decían que no. Después tocaron las manifestaciones por calles madrileñas cantando aquello de "Nunca máis" y otras de cosecha propia como "ya se acabó el alboroto y ahora se hunde el petrolero y ahora se hunde el petrolero". De todo esto hace diez años y ahora empieza el juicio de una barbarie ecológica pero también política que incluyó un ministro, Cascos, cazando por el mundo mientras se destrozaba la costa gallega y frases memorables como la de los hilillos de plastilina que salió de la boca de nuestro excelso presidente. ¿Dónde queda eso de que el tiempo pone las cosas en su sitio?. 


(Lo escribí en octubre de 2012. Lo reafirmo en noviembre de 2013 y añado: el tiempo sigue dejando la cosas en el fondo de mar. Bueno, todo no, a mi y a muchos nos quedan los recuerdos)

11 de octubre de 2012

Que alguien le diga...(2x1)



Que alguien le diga a José Ignacio Wert que echar un vistacín a la alineación del Barça en el Marca no es leer catalán. Y ya que está que le diga también que en este momento de la vida que nos ha tocado vivir lo que mejor nos vendría a todos sería desespañolizar la escuela de este país y por extensión la sociedad y tal vez volverla un poco menos caínita y algo más interesada por salir adelante. Estaría bien que el interés en medrar impregnara a la clase política y empresarial del país para que ni políticos ni empresarios se vengan arriba y empiecen a hacer listas de deshechos al estilo Cebrián.
 
Por cierto, que alguien le diga al emperador de PRISA, el mismo que asegura que en El País sobran los periodistas veteranos, que el próximo 30 de octubre cumple 68 años por lo que ya está en predisposición de jubilarse con o sin reforma de la edad de jubilación. Y ya que está que le diga también, así a cara perro, que a lo mejor el que sobra es él porque sus pésimos tejemanejes empresariales han acabado por hundir a un grupo editorial que, hasta que él se puso al mando, sobrevivía con mas gloria que todas las penas que él le echó encima después. (Y que le diga también que abra los ojos, que parez que tien conjuntivitis).

10 de octubre de 2012

A/a del Señor Cebrián: "La propiedad conlleva una responsabilidad"


"La reina en el palacio de las corrientes de aire", Stieg Larsson. PÁGINAS 264 y 265:

"Los recortes fueron necesarios. Si no los hubiésemos realizado, haría ya mucho tiempo que el periódico habría cerrado.
—Dejemos por un momento lo que es necesario y lo que no. Durante los últimos tres años han desaparecido dieciocho puestos de reportero. Encima, la situación actua
l es que nueve puestos del SMP se encuentran vacantes y han sido sólo parcialmente cubiertos por suplentes temporales. La redacción de deportes necesita con urgencia más personal. Se supone que deben ser nueve empleados, pero hace más de un año que están con dos puestos sin cubrir.
—Se trata de ahorrar dinero. Es así de sencillo.
—La sección de cultura tiene tres puestos vacantes. En la de economía falta una persona. En la práctica, la redacción de asuntos jurídicos no existe: allí lo que hay es un jefe de redacción que va cogiendo reporteros de la redacción general para cada trabajo. Etcétera. El SMP lleva al menos ocho años sin efectuar una cobertura seria ni de las instituciones ni de las autoridades oficiales. Ahí dependemos totalmente de los freelance y del material que produce la agencia TT... y, como ya sabes, hace años que la TT cerró la redacción especializada en esos temas. En otras palabras, no hay ni una sola redacción en toda Suecia que se ocupe de las autoridades y de las instituciones del Estado.
—La prensa escrita se encuentra en una situación delicada...
—La realidad es ésta: o se cierra inmediatamente el SMP o la junta se decanta por una solución ofensiva. Cada vez tenemos menos empleados, y los que quedan se ven obligados a producir cada vez más textos. Los artículos son pésimos, superficiales y sin ninguna credibilidad. Por lo tanto, la gente deja de leer el SMP.
—No lo entiendes...
—Ya me he cansado de oír que no lo entiendo. No soy una becaria que ha venido aquí para que la entretengan.
—Pero tu propuesta es una locura.
—¿Por qué?
—Estás proponiendo que el periódico deje de ser una empresa que obtenga
beneficios.
—Oye, Sellberg, durante este año les vas a entregar unos enormes dividendos a los veintitrés accionistas del diario. A eso hay que sumarle unas bonificaciones completamente absurdas que van a recibir nueve personas de la junta directiva y que le costarán al periódico cerca de diez millones de coronas. Te has asignado a ti mismo una bonificación de cuatrocientas mil coronas como premio por haber administrado los recortes del SMP. Es cierto que no es nada en comparación con las bonificaciones que han rapiñado algunos directores de Skandia, pero para mí no vales ni un solo céntimo. Las bonificaciones deben entregarse cuando alguien hace algo que fortalece al SMP. En realidad tus recortes han debilitado al periódico y han incrementado la crisis.
—Eso es muy injusto. La junta ha aprobado cada una de las medidas que he tomado.
—La junta ha aprobado tus medidas porque le garantizas un reparto de
dividendos cada año. Eso tiene que acabar ya. Ahora mismo.
—¿Hablas en serio cuando propones que la junta elimine todos los
dividendos de las acciones y todas las bonificaciones? ¿Y crees que los accionistas van a aceptarlo?
—Lo que propongo es que este año se adopte un sistema de cero beneficios. Supondría un ahorro de casi veintiún millones y la posibilidad de reforzar la plantilla y la economía del SMP. También propongo una reducción del salario de los jefes. Yo cobro al mes ochenta y ocho mil coronas, algo que es un auténtico disparate para un periódico que ni siquiera se pueda permitir cubrir las vacantes de la redacción de deportes.
—O sea, ¿que quieres bajarte el sueldo? ¿Estás abogando por una especie de comunismo salarial?
—No digas chorradas, incluyendo tus bonificaciones anuales, tu sueldo es de ciento doce mil coronas al mes. Es demencial. Si el periódico tuviera estabilidad y reportara unos tremendos beneficios no me importaría que entregaras los dividendos que quisieras. Pero este año no es precisamente el mejor momento para que te aumentes la bonificación. Mi sugerencia es que se reduzcan a la mitad todos los salarios de la dirección.
—Creo que no entiendes que si nuestros accionistas son accionistas, es porque quieren ganar dinero. Se llama capitalismo. Si tu idea es que pierdan dinero, ya no querrán ser accionistas.
—Mi idea no es que pierdan dinero, aunque también se podría llegar a esa situación. La propiedad conlleva una responsabilidad. Como bien señalas, estamos hablando de capitalismo. Los propietarios del SMP quieren obtener beneficios. Pero son las leyes del mercado las que dictan si habrá beneficios o pérdidas. Con tu razonamiento lo que consigues es que las reglas del capitalismo se apliquen de modo selectivo a los empleados del SMP, pero no a los accionistas ni a ti mismo.
Sellberg suspiró y, elevando la vista, puso los ojos en blanco. Desamparado, buscó a Borgsjö con la mirada. Éste estudiaba pensativamente el programa con los nueve puntos de Erika Berger"

1 de octubre de 2012

Animalicos




Me gusta la política, pero -sí, habéis acertado, hay un pero- tengo mis reparos hacia muchos de los que la practican últimamente en este país. Sin desearles mal a ninguno de ellos y siempre desde la educación, la verdad es que me encantaría ver a alguno de ellos abrir los telediarios detrás de un atril y diciendo: "Mira que yo lo dejo, eh, que esto es muy extresante. ¿Interesante?. No mujer interesante no, extresante" en Modo Manquiña.
No me caen mal todos los políticos, de hecho, hasta me llevo bien con algunos de nuestros representantes públicos. Me caen mal algunos políticos-que suelen coincidir con los que mandan-. Otros son tratables. Es como en todo, en el mundo de la abogacía, el periodismo, la siderurgia, en el supermercado junto a tu casa, en la escuela...hay gente buena y válida y los hay que se van ofreciendo a puerta gayola para que les des un corte y los dejes como la mojama.
Lo de que me caen bien, incluso respeto, a algunos políticos no lo digo muy alto porque en estos tiempos del cólera parece que está mal visto. Pero sí, me trato con políticos y a veces hasta tomo con ellos un café. Suelo dejarme invitar porque manejo la idea de que si algún día alguien nos acusa de cohecho, en el juicio se llevará la peor parte el que haya echado mano a la cartera y mi abogado podría exponer dramáticamente que fui obligada a tomar el café porque yo soy más de colacao.
Que me lleve bien con algunos mandatarios de esta la tierra que me soporta no significa que entienda todas sus decisiones, ni siquiera que las respete (porque si fuera médico no respetaría la idea de no atender a una persona por el simple hecho de que no tener un papel). Lo que significa conocer a los políticos un poco mejor que la mayoría de sus votantes es darse cuenta de que ellos también son seres humanos con aciertos y errores, envidias, orgullos, con avaricias y aspiraciones, con buenas ideas e intenciones y también, a qué negarlo, con algunos ardores de mala hostia y/o capacidad de enfado que te alegras de que no tengan acceso a ningún arsenal de armas nucleares. Vamos, nada del otro mundo. Si lo piensas son como adolescentes a los que en la misma tarde te apetecer echarlos de casa a merender donde su güela o reirte a carcajadas con sus tonterías. Son animalicos.

4 de septiembre de 2012

Joribiar



No sé si en un periódico que pueden leer niños se debería decir la palabra "joder". Claro que si escucho alguna de las perlas que llegan a salir de las bocas de estos angelitos igual el verbo no es ni tan soez como creo ni siquiera tan escandaloso. En cualquier caso, como lo que tengo claro ye que a les mis güeles no les gustaría nada que anduviera con el "joder" repartido a mansalva por estas líneas, a partir de ahora y hasta final de texto usaré la palabra "joribiar", que además es muy ochentera.
Y tras esta larga introducción he de decir que me joribia, y mucho, que el ministro de Educación asegura que sube el IVA al material escolar porque él "no sabe", y cito textualmente, "si una libreta la va a usar un arquitecto o un estudiante". ¡Ay el señor Wert! Si no le voy a quitar razón porque a mi me pasa lo mismo con cierta clase de políticos (que suele coincidir con los que mandan), que los critico a todos porque no sé si en una de estas voy a tropezarme con uno que se lo merezca como por ejemplo usted y su compañero de filas en el Consejo ministerial el señor Ruiz Gallardón.
También me joribia que ciertos medios de comunicación hayan conseguido que a los españoles nos preocupe la prima de riesgo y lo que va a decir, un día por la mañana, el responsable de turno de las agencias de calificación internacional. Me joribia porque en realidad creo que hay cosas mucho más importantes por las que preocuparse. Como saber qué van a hacer nuestros mayores para pagarse los medicamentos y encima ayudar en casa con lo que les quede de pensión porque claro, los hijos y los nietos están al paro. O qué va a hacer esa estudiante de provincias cuando vea que este año no le van a dar la beca del Ministerio de Educación y va a tener que currar más de lo previsto (porque antes ya lo hacía, que las becas no te solucionan el año) y eso repercutirá sin duda en su rendimiento académico.
Y también me joribia que haya gente inteligente, buena, trabajadora, emprendedora, capaz y leal que tenga que cogerse un ferry para marchar a buscar un futuro que aquí ni se vislumbra. Queridos Ricardo y Eli: Que los dioses del norte os sean propicios. Os doy dos años para que´l asturianu sea llingua oficial na Pérfida Albión.

31 de julio de 2012

Ironías olímpicas



De vez en cuando el COI mira un poco por los televidentes "deportistófilos" de la vieja Europa (que cada vez somos menos) y nos pone unos JJOO con horarios de andar por casa. Se agradece porque te sientes menos friki viendo esgrima femenino a las siete de la tarde que a las dos de la mañana. Esto es así.
Lástima que en este Londres 2012 no se puntúen nada mas que los deportes tradicionales, esos que algún español gana de vez en cuando y efímeramente. Si se modernizaran un poco y atendieran a los convulsos tiempos en que vivimos lo petábamos. En salto de trampolín igual no, pero en saltos en frío cada vez que acaba un Consejo de Gobierno no hay deportista del mundo conocido que nos gane. ¿Qué no?. Y ya no os digo nada si en el medallero olímpico se incluyeran otras modalidades como "Malabares con 600 euros" ó "Sacar petróleo de esta nómina". Se hace difícil no convertirse en experto en deportes de riesgo cuando te toca sufrir por lo que te toca y encima eres de esas que no se pierden manifestación. A la hora de escribir estas líneas aún no han empezado a disputarse las pruebas de atletismo en la cita londinense. Y he estado mirando los periódicos y no, puedo decir con certeza que entre los seleccionados españoles no está ninguno de los chavales a los que vi lanzar morrillos en la manifestación de Madrid por el futuro de las cuencas mineras. Y eso que así a bote pronto, en diez minutinos de nada, yo vi como cuatro récords del mundo. Por cierto, toda la vida pensando que los "perrosflautas" a los que hacen referencia, de manera despectiva todo sea dicho de paso, en Intereconomía y La Razón eran chavalucos con rastas que se pasan todo el día fuman porros y nada de nada. Todo lo contrario. Los que conocí en las calles madrileñas de primera mano eran fuertes y rapados "perrosflautas" que, en la mayoría de los casos, lucían banderas de España en sus gorras de beisbol cuando no tatuajes con extraños símbolos militares. ¡Qué cosas tiene la vida! ¡Lo que una se pierde por no viajar más! (Modo ironía olímpica ON, por si alguno no me entiende, que lo habrá).


10 de julio de 2012

Relatos mineros

                                  No debería haber teléfonos en el hogar de un mineru

Marisa no tuvo que levantar el auricular para saber lo que le iban a decir al otro lado del hilo telefónico: eran las cuatro menos diez de la madrugada y Jaime estaba en el pozu... pero lo levantó. —Marisa, oye mira que soy Serafín, ¿tas bien?, vete a buscar a la mi muyer, nun tes sola, ye que mira... Marisa oye dime algo... Marisa colgó el teléfono sin decir nada, arropó a Jacobo que dormía en la cuna y comenzó a llorar. Al poco, sonó el timbre. Eran las vecinas. Ellas tampoco dijeron nada. 

                                                                      "El Daglas"

Sufría por verle desnudo, cubierto de una pátina de carbón, mientras el resto de compañeros hacía bromas en las duchas. Quería besarle y limpiarle, con delicadeza, la línea negra que le quedaba en los ojos porque nunca tenía tiempo para pararse a quitarla. Ernesto, que iba para cura, dejó el seminario y entró en la mina para estar al lado de Joaquín, que era también "El Paletu" por parte de madre y "El Daglas" por su parecido con el actor. Y así estuvo, cinco, diez, quince años…Fue el padrino de su boda, aguantó estoicamente la temporada que al otro le dio por ir de burdeles. "Ernestín, cagondiós, ven conmigo, que no se entera nadie"; y lo abrazó fuerte la tarde que, en el embarque, les sorprendió una ración de grisú que casi no cuentan. "¿Qué se te perdió a ti en Alemania, Ernestín, no me jodas?", le replicó pocas horas después en la barra de Casa Miguelo. "En Alemania nada, pero como siga aquí mirándote a los ojos acabaré perdiendo la cabeza", pensó mientras bebía la última caciplá a su lado. No hubo más palabras. Un billete de autobús le dejó en la Zentraler Omnibusbahnhof. Lo primero que vió fue el cartel del último estreno cinematográfico: "There was a Crooked Man…", protagonizado por Henry Fonda y Kirk Douglas.

                                                      Cuatro miradas para Encarnita


Una) Encarnita tenía el pelo lacio y rubio, casi blanco. Algunos de los mineros que paraban en el bar de su padre la llamaban «La Rusa», otros, como Juan Piñeiro, llegado de Cangas do Morrazo el pasado mes de febrero, apenas le decían un «hola» entre suspiros de amor. Encarnita era alta, y tan guapa, que parecía una actriz de cine, de esas que el joven Piñeiro y los demás soñaban cada domingo antes de volver a la pensión. Nunca tuvo novio, ni se le conoció pretendiente alguno. Aunque en el pueblo se hablaba de que cada noche, como en una letanía de suspiros, un hombre moreno y efímero se acercaba a su balcón para recitarle un verso. Solo uno. Encarnita tuvo que esperar a la primavera, y a una tarde de romería en el pueblo, para contemplar los ojos negros que desde tiempo llevaban rogándola. Ésa misma noche, el gallego Juan le pidió «un culete», dejando de lado la afición al vino blanco que le caracterizaba desde que había dejado el mar.

(Dos) Cosme era el padre de Encarnita. Ella había heredado de él la prestancia, y ese donaire escrupuloso que tienen los taberneros. Nunca había tenido problemas, en lo que se refiere a su hija, con los hombres, todos ellos mineros, que se acercaban por el bar después de dejar el tajo. Pero aquella tarde que vió al gallego meloso, capataz «sabe dios por qué», mirar con deseo a su Encarna y pedirle un culete de sidra, sintió que sus piernas muertas –en un accidente de mina años atrás– volvían a la vida para darle su merecido al rufián. Cosme se acercó, como pudo, a la barra, exhaló un «mecagonros» y dejó pasar la vida.

(Tres) Julián conocía a Encarnita desde los tiempos del catecismo. Nunca se había atrevido a mirarla a la cara, ni siquiera, a decirle lo mismo que, botella en mano, aventuraba cada noche después de tres copas junto al balcón de su amada. La tarde de primavera en que, decidido, cogió la sartén por el mango y acudió al chigre dispuesto a cantarle al amor, se encontró con un gallego alto, desgarbado y capataz que levantaba la mano con aire complaciente y pedía un culete.

(Cuatro) Juan Piñeiro, nacido en Cangas do Morrazo, huérfano de un padre «que se lo llevó la mar», decidió marchar de su pueblo la misma tarde que su madre le dijo que tenía que embarcarse rumbo al Gran Sol. Cogió el atillo que le habían preparado, encaró el puerto y tomó el rumbo contrario, tierra adentro. Primero andando, después en tren, más tarde en un coche de caballos. Recorrió ¡quién sabe cuantas leguas! y finalmente paró. Ofreció su título de maestría a quién lo quisiera coger y cuando se dió cuenta estaba bajo el suelo, el mismo que sus ancestros apenas habían pisado. Desde hacía meses, trabajaba de jefe de una cuadrilla y vivía atento a las miradas de una chigrera rubia que le atendía más bien poco y le servía el vino blanco algunos días con gloria, los más con pena. Una tarde de primavera, harto ya de estar harto, dejó de lado su pinta y alzó la mano. «Un culete», sentenció. Y con el vaso que le tendía una mano llegó la hermosura, y una sonrisa, y un te quiero tras la tapia del cementerio y un «Señor Cosme, quiero casarme con ella», y otro «mecagonros», y después dos gemelos, de nombre Cosme y Jacinto, y más tarde el mar. Y siempre el Gran Sol, tras la melena lacia y rubia de una mujer que muchos llamaban «La Rusa».

2 de julio de 2012

Código de Circulación por tierras astures para turistas subpajarianos


A mi que vengan dos turistas el 1 de julio y me pregunten si pueden usar el neopreno para bañarse en la piscina porque tienen frío me da ganas de romper el Acuerdo de Schengen, ese que permite la libre circulación de personas por el espacio europeo. Así como os lo digo. Creo que para venir de vacaciones a Asturias, todos los turistas -a los que a partir de este momento llamaremos "subpajarianos" por vivir más allá de Pajares- tendrían que matricularse en un curso intensivo y superar una prueba tipo test.
El Código de Circulación por tierras astures, para ser completo, debería tener al menos tres apartados fundamentales: Meteorología, Gastronomía y Seguridad en la Conducción.
Meteorología: Nadie, repito, nadie, sabe mejor cómo es el tiempo de Asturias que un asturiano. Así que no apulmonéis con lo de que es que aquí llueve mucho y hace fresquito. Llueve sí, lo sabemos, pero los últimos informes del Museo del Jurásico de Colunga aseguran que llueve lo mismo ahora que hace 15.000 años y que por eso seguimos tan verdes como entonces. Es lo que hay. Sólo está autorizado a quejarse aquel turista que A) le llueva más del 80% de los días que dure su estancia aquí y B) tenga o haya tenido más de cuatro parientes consanguíneos viviendo en el Principado.
Gastronomía: El tema gastronómico tiene dos subtemas principales, a saber, el queso Cabrales y la sidra. Con respecto al manjar cabraliego la principal recomendación es que, efectivamente, es un queso fuerte de buen sabor pero que viaja mal. Pasajeros y tripulación de cualquier vuelo salido de Ranón odiarán hasta la muerte al subpajariano que "para que no se estropee" opte por llevar el Cabrales en la maleta de mano. Sobre la sidra y el escanciado, técnicos de Viuda de Angelón en colaboración con el ya mencionado Muja, me han confirmado que se trata de un ritual prehistórico para ahuyentar a especies invasoras.
Seguridad en la conducción: En este apartado se reforzará la idea ya conocida por los subpajarianos -aunque no la practiquen- de que una raya en el medio de la vía delimita dos carriles que van en direcciones contrarias. Y que si te encuentres un "Pascualín" delante subiendo para Ponga, te calles la bocona y aguantes, que nun tienes prisa ninguna.

2 de junio de 2012

Conversaciones

Mantengo la teoría pseudocientífica de que uno de los pocos sectores profesionales de España a los que la crisis se la trae al pairo, y puede que incluso hasta se esté haciendo de oro con ella, es al de los médicos estomatólogos. ¿En qué me baso para lanzar al aire esta teoría? Pues en un estudio empírico que utiliza como fuente de información a mi propio cuerpo y más concretamente a ese ardor de mala leche que regurgito cada vez que a la actualidad de este nuestro país le da por hacer de las suyas. Antes, cuando nadábamos en la abundancia, teníamos que tomar un café para despertar. Ahora no, ahora no hace falta ni encender la cafetera, porque como tengas la radio puesta y justo en ese momento haya un informativo mañanero cantándote las noticias del estado de la nación, es que hasta te tienes que tomar una tila para salir a la calle sin tembladera. Lo único bueno de la coyuntura económica con la que nos ha tocado lidiar, es que el nivel de nuestras conversaciones ha subido bastante. Ahora en vez de estar tomando un culete de sidra con los amigos, parece que participas en el debate de "59 segundos". Que si la prima de riesgo está por las nubes, que si la supresión de los fondos mineros, que si Hollande gana las elecciones y eso significa la reconquista de los partidos de izquierda, que si lo de Bankia se veía venir. Todo temas de nivelazo. ¡Cómo será la cosa que a estas alturas de la vida todavía no hemos mencionado a los 23 convocados por Del Bosque!. La crisis ha conseguido superar el fútbol. A veces hecho de menos el antes, cuando el dinero nos salía por las orejas. Por aquel entonces mi compañera de teclas, Bibiana, me llamaba para contarme informaciones mundanas sin maldad ninguna como que fulanito, "sí, muyer, aquel que iba al instituto que taba tan potentorro. nun se sabe si tien más grande la barriga o la calva". ¡Ains! ¿Eran tonterías?. Sí, eran tonterías, pero la tarde se hacía más entretenida. Ahora Bibi también me llama, después de la tila, pero ya no hablamos de calvicies. ¡Nos están quitando la juventud!. Cabrones.

30 de abril de 2012

A los de "La Voz" (FIN)

Carlos e Isabel se han marchado a Madrid a trabajar, Nacho disfruta de su pensión y Sofía se ha pasado al "lado oscuro" de la comunicación institucional para alegría de los plumillas que se nutren de sus magníficas notas de prensa y su mano izquierda a la hora de mediar entre políticos y canallesca. Carlos, Isabel, Nacho y Sofía fueron -en la primavera de 2010- cuatro de los despedidos en un expediente de regulación de empleo que sufrió la plantilla de La Voz de Asturias. Yo me senté entonces ante el mismo ordenador desde el que hoy desgrano palabras para escribir una columna dándoles ánimos y deseando que los dioses les fueran propicios en el mundo en general y en el sector periodístico de nuestras entretelas en particular. Todo eso ocurrió justo antes de que Público se hiciera con el poder del periódico asturiano y también antes de que una servidora entrara a colaborar con el proyecto editorial de Mediapubli gracias -o por culpa- de la mano tendida y cabezonería del maestro Julio César Iglesias. 24 meses después de mi primer artículo firmado en La Voz de Asturias  se ha consumado el final de la histórica cabecera que iba camino de los noventa años y que, para muchos, suponía un soplo de aire fresco en los quioscos de la región. Claro que para otros era un simple panfleto al que despreciar obviando su presencia con poca educación y muchas malas pulgas.
Desde que se hiciera público el cierre del diario La Voz de Asturias han sido y son muchas las voces que claman consignas que todos sabemos como eso de que "siempre es malo que se cierre un periódico". Me temo que no eran tantos los que lo compraban como los que ahora lo lloran. Es estadística pura.
Nunca es plato de gusto formar parte de proyectos que se acaban ante la impotencia e incredulidad de los que han luchado por ellos durante un tiempo. Pero sin duda, lo más doloroso de todo este asunto es ver como se quedan al paro, en un tiempo tan cruel como el actual, personas cuyas voces, gestos y trabajo hacían la vida de esta región más plural, menos sumisa. A todos les doy las gracias por enseñarme a discutir, trabajar, escuchar y luchar por este oficio, que pese a todo sigue siendo el más maravilloso del mundo.

26 de abril de 2012

Las huelgas del 62 y una de sus miles de historias

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En el periódico La Cuenca del Nalón estamos preparando un número especial sobre el cincuentenario de las Huelgas Mineras de 1962. Contamos con el testimonio de algunos de los protagonistas de aquel hito social y político que, según muchos, marcó un antes y un después en el devenir del régimen franquista. Ignacio Peón (el paisano que sale en los vídeos) -mineru y comunista- fue desterráu a Castilla por la dictadura. Aquí cuelgo dos fragmentos de su historia. No son los más importantes, ni los más crueles, ni siquiera son los más graciosos (aunque lo parezca por esa risa perpetua que luce Peón), pero son dos "cachinos" de vida que reflejan muy bien la energía y el amor por unos ideales.

20 de abril de 2012

Cerdos y payasos

(Publicada en el último número

del periódico La Voz de Asturias

que dejó de publicarse

el 19 de abril de 2012

por culpa de un mundo voraz)

Odio cosas. Odio, por ejemplo, las preguntas obvias. Ese amigo que te ve comer y sin decirte un hola ya te suelta: ¿Qué haces? No sé a vosotros pero a mí me apetece responderle mal, pero mal de rozar la ofensa y rondar la hostia si el que pregunta no es un amigo sino la madre que te ha parido y aguantado lo suficiente como para tener que andarse con milongas cuando te pones gilipollas.

Responder mal a las preguntas obvias, estúpidas, vacías, peligrosas y/o tendenciosas no consiste en dar una contestación borde sin más, que también. Se trata de dejar al contrario con cara de pánfilo y sin posibilidad de réplica. Por ejemplo que un señor te dice de malos modos que te apartes porque molestas, bajas la ventanilla del coche y le sueltas bien alto un “cállate, cerdo” - separando las dos palabras por un intervalo de dos segundos en silencio- que le dejas frío y sin palabras. Esa es la clave. Conste que yo no puedo hacer nada por frenar este impulso que tengo. Es algo genético que heredé de mi güelu Sevilla (que de andaluz no tenía más que el mote).

No puedes frenar el pensamiento borde pero sí la palabra. Es algo que aprendes a lo largo de la vida, a callarte (cerda) las burradas que amenazaban con pasar de la cabeza a los labios para después salir al aire, a conquistar mundo. Con el tiempo consigues incluso hasta reírte para adentro, tu misma en tu mismidad, de la gracia que tienes y el estilo. Lo más inquietante -cuando no patético- de la historia es que encima te haces gracia. Y te entra el síndrome “CR7”: reconoces que en el mundo hay gente buena y graciosa pero tú te ves mejor, como por encima de ellos. Y cuando metes un gol señalas con las dos manos hacia ti para que todo el mundo sepa el concepto tan maravilloso que tienes de tu persona.

Lo que pasa es que al final te das cuenta de que realmente lo de reírte de tus propias historias da pena penica. Es como esos políticos encantados de conocerse a los que les gusta ponerse delante de un micrófono o cámara y babean como Homer Simpson delante de una cerveza. Yo conozco a dos ediles electos -con su despacho en Ayuntamiento en toda regla- que llevan meses diciendo que ellos no son políticos ni creen en la política. Eso sí, en cuantito que intuyen una cámara de un medio de comunicación cualquiera en las proximidades comienzan un pintoresco ritual de apareamiento rondando al fotógrafo o camarógrafo en cuestión, como si del chifláu del Urogallo Mansín -¡qué dios lu tenga en su gloria!- se tratara. Hay políticos que entran en celo ante la sola presencia de un periodista. Y si ven al plumilla en cuestión un poco despistado entonces empiezan a lanzar al aire discursos rimbombantes en los que entrelazan palabras como “transparencia”, “gestión”, “sinergia”, “futuro”, “estructural”... Que yo pienso (pero no digo por eso de la educación que comentábamos antes): “¡Qué lástima que no te hayas dedicado al circo, payaso! (y ya sabéis cómo se hace, con una leve pausa de dos segundos entre circo y payaso).

18 de abril de 2012

El vacío del obispo

(Publicado en La Voz de Asturias el 12 de abril de 2012)

Desde el domingo de Pascua ando analizando al detalle los movimientos y gestos de los familiares y amigos que tengo y que son gais de palabra, obra u omisión. Les busco los cuernos y el rabo (con perdón) para ver si es cierto lo que dice el Obispo de Alcalá porque yo así, de mano, a los señores con gafas y gorro blanco con forma extraña les creo todo lo que me dicen aunque después, en cuantito que analizo lo que sale de esa bocachancla que tienen, ya se me pasa. Total que tanto mirar tanto mirar, tengo una prima que me ha ofrecido una colleja a mano abierta -”por esa cara de fatuca que se te queda”- y un amigo que me ha puesto en cuarentena y que dice que no vuelve a llamarme ni para tomar un café de la superpereza que le doy. No llego a comprender por qué desde algunos sectores conservadores de esta España de nuestras entretelas, y en concreto desde el departamento nacional de obispos católicos y afines, les molesta tanto con quien se acuesta o deja de acostarse alguien. Máxime teniendo en cuenta, y dicho desde el respeto que ellos no se pueden acostar con nadie, tan sólo con su fe y, si me apuras, algún cilicio. Miedo a que la raza humana se acabe no debe ser porque para que eso no pase ya se encargan de prohibir, vilipendiar o demonizar otros métodos tan polémicos o más que la propia homosexualidad.

Le vengo dando vueltas al asunto desde el domingo y no termino de verle la peligrosidad a que dos personas se quieran y practiquen el sexo o lo hagan sin quererse, simplemente por placer. Creo que no soy católica practicante por eso. Porque mira que está el mundo amargando todos los días con cosas tristes y dolorosas, como para que encima tengamos que andar poniéndole puertas al placer.

Yo no practico la religión católica (que ya estabais pensando mal) pero respeto y admiro a muchos representantes de este credo que me han demostrado, desde Ciañu a Guatemala, que su única meta en la vida es ayudar a los demás con el altruismo por bandera. Ellos, y sobretodo ellas, son las que viven a diario con el dolor y la tristeza que, de cuando en vez, recogen nuestros telediarios como dejándonoslo caer. Es dolor y es tristeza, pero, lo que me da a mí escuchar las palabras de ese sacerdote de Alcalá , es impotencia. Ese paisanón hace décadas que ha dejado de escuchar a un país que avanza (aunque alguno de sus políticos se empeñen en darle una patada hacia atrás). El tipo de sombrero blanco de forma extraña ya ni siquiera escucha a sus feligreses. No le hace falta, ahora está en el púlpito y sólo se dedica a hablar. Y todas esas décadas que lleva perdidas entre sus palabras son, el mismo tiempo que hace que este señor se pregunta por qué los templos están más desiertos de jóvenes que el día anterior. No sabe que seguirán vaciándose porque los que tendríamos que ir a escucharle ya no estamos obligados a hacerlo, y además tenemos hermanos, primos, hijos, amigos, tíos, compañeros que son gais y que nos alegran muchísimo más la vida que él.

10 de abril de 2012

Moderneo

Yo soy moderna porque el mundo me ha hecho así. Lo descubrí el día que mi vecina quiso vacilarme enseñándome unas botas de goma que se había comprado por internet. “Me las mandan de Inglaterra por solo cien euros, más gastos de envío. Un chollo. ¿No son monísimas?”, dijo; y yo me limité a responderle que sí, que eran monísimas, porque bastante tiene la pobre con lo suyo. Aunque la realidad de la vida, pensé mientras miraba el calzado de color negro, es que esas botas eran exactamente las mismas que utilizaba yo de guaja cuando íbamos a buscar las vacas de mi tíu Daniel y estaba la vida un poco embarrada.

Total que con un poco de aquí y otro poco de allá he ido descubriendo que yo soy moderna desde siempre y con carácter retroactivo. Antes era moderna sin saberlo pero ahora que lo sé, y encima me trato con otros modernos, pues ya lo voy explotando por el mundo.

El moderno de pueblo, que es la categoría en el que cualquier experto en la materia me incluiría a mi, no tiene ni idea de serlo durante sus primeros quince años de existencia; después lo lleva con aires de grandeza (que la tontería del pavo no te la quita nadie así vivas aislado en lo alto de Peña Mea) y, finalmente, ya cuando entras en la edad adulta, pues te lo tomas con resignación y luchas para no acabar tus días como un ser bipolar que por la mañana le da vuelta a la hierba en un prau y por la tarde se pasea por la Gran Vía.

En el pueblo eres el “moderno” y alguna vecina te mira con cara de “¡pobre, es buena y estudiosísima, pero muy rarina de Dios!”. En la ciudad, donde has ido a estudiar y/o trabajar, eres una especia exótica que conoce el calendario de plantación de la patata y que ha participado activamente en la matanza de al menos tres especies animales que, a las pocas horas, ha comido sin el menor remordimiento (porque tu güela y la fame no dejaban que surgiera en la mesa signo alguno de compunción, todo sea dicho de paso).

Total que en la gran urbe despliegas tu conocimiento del mundo rural, de los refranes, de las distintas maneras de nombrar un rastrillo, de cómo andar por el monte, de las señales que nos dicen si va a llover o no; y así, poco a poco, acabas convirtiéndote en una gurú de la vida moderna aunque tú no lo sepas y siempre haya alguien que te diga: “-Jo, debe ser muy complicado venir de un pueblo pequeño a esta ciudad tan grande, ¡te perderás! ¡Con tanto coche!. Por cierto, ¿es verdad que en tu pueblo no hay semáforos?”. Y tú dices que no, que no hay semáforos ni tampoco hay aceras, y que sí, que es muy difícil el cambio sobretodo porque ya no ves desde la ventana de tu habitación los manzanos que te alegran la vista en primavera. Y miras al interlocutor, que calza unas botas negras de goma muy modernas que le costaron por internet algo más de cien euros “traídas expresamente desde la fábrica de la marca en Inglaterra”. Y sonríes por dentro mientras piensas: “A ti quería vete yo amarrando al pesebre las vacas de mi tíu Daniel”.

30 de marzo de 2012

Gesto

Su hijo le decía muchas cosas. Demasiadas. "¡Cuidate!", "¡Tomá la medicación!", "No pasees hoy que hace frío", "¿Votar, para qué? ¡Dále, mamá! ¡No seas pelotuda! ¡Si ya llevas cuarenta años acá!. No necesitan tu voto". Pero Enedina no le hacía caso en nada, salvo en lo de los medicamentos -que no quería andar jugando con el corazón débil que había heredado de su abuela Aurora. Así que, unos días antes de que finalizara el plazo para poder votar, quedó con Alfredo, Marcos y La Chata, y lo fue a hacer en persona, al consulado. Quedaron en verse frente al Mercado de las Pulgas de la Avenida Álvarez Thomas. Allí cogerían el colectivo que les acercaba hasta el cementerio de La Recoleta y de ahí, ya dando un paseo, hasta la Oficina Consular. Otras veces había enviado la papeleta por Correos. Le gustaba pensar en cómo iba a levantar su primo Gerardo las cejas cuando viera el sobre con su nombre. Él, que había vivido en Argentina hasta su jubilación, hacía ya veinte años, era ahora un destacado dirigente del Foro Asturias de Tineo -primero lo había sido del PP- y ella, que había optado por quedarse para ayudar a cuidar de sus nietos, seguía fiel a las siglas socialistas, las mismas por las que tuvo que huir, primero a Francia, después a México y, finalmente, a Buenos Aires. "¡Dale, Nedi! ¡No seas pelotuda! ¿Seguís votando a los mismos?", le decía Gerardo cuando volvía por Navidad marcando el acento argentino casi tanto, o más, de lo que marcaba antes de marcharse el español. "¡Ay, Gerardo, no seas pelotudo tú, rey, y déjame en paz", le respondía ella ante la inquisitoria mirada de los hijos de ambos que veían venir, una vez más, la eterna discusión política de la cena navideña.
Aquella vez iba a ir a votar al Consulado, le había parecido bien el plan que le ofreció La Chata, sobretodo si reunirse para ir a votar significaba también comer en alguno de los italianos de Puerto Madero. ¡Hacía siglos que no comía una pizza en condiciones!
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"Enedina Menéndez Feito" repitió en voz alta el joven del consulado que les pidió sus pasaportes antes de sacar la urna. "Vota", susurró el chico y ella miró como su papeleta caía sobre un lecho de sobres "No servirá para nada, pero ahí está", pensó. Sin saber que, quince días después, ese gesto valdría todo un diputado.

Puro vicio

Los asturianos hemos convertido la fiesta de la democracia en una orgía por puro vicio. Siempre hemos sido muy dados a transformar en vicio cualquier sufrimiento (y a las resacas de sidra me remito); así que si hay que volver a las urnas otra vez, pues lo hacemos y aprovechamos la coyuntura para rajar del contrario. Las elecciones son una catarsis social que hace a la gente soltar adrenalina en los chigres y en los muros de Facebook para que después estén tranquilinos como ciudadanos de a pie. No sé qué hacíamos antes cuando no existían las redes sociales en las que ensalzar a un candidato y vilipendiar al contrario. Y lo más importante, no sé qué hacían antes los partidos políticos con tanto hulligan suelto por el mundo. ¿Los tendrían encerrados para sacarlos solo en mitines, congresos y otras fiestas de guardar? Es uno de los grandes enigmas sociales de la Asturias Democrática.
Yo ya he hecho varias apuestas defendiendo que lo del vicio nos gusta tanto que repetiremos la cita con las urnas en 2013, con el País Vasco y Galicia. Elecciones hasta el infinito y más allá es una alternativa. La otra es pedir la anexión a cualquiera de estos dos territorios. Si nos hiciéramos vascos Asturias pasaría a ser Azt-ura y David Villa podría jugar en el Athletic de Bilbao. Quedarían flecos como saber qué hacer con Gabino De Lorenzo, pero bueno, ya veríamos. Si nos hiciéramos gallegos fusionaríamos al Deportivo de La Coruña con el Sporting de Gijón para ver si entre los dos equipos formamos uno que valga para Primera. Y con Gabino nada, miramos a ver si le gusta Sanxenxo y ya si eso le damos la alcaldía.
En fin. Yo no quería hablar de política esta semana y aquí me tenéis. Lo que pasa es que eso de ser demócrata, en democracia, se lleva bien hasta que el contrario te empieza a tocar las narices. Todas las conversaciones sobre política de las que he sido testigo en la vida han acabado o a hostia limpia, o con unos morros de aquí a Logroño o con mi tío Mamblé contando su mili en el Hoyo Manzanares -«Mardito joyo»- para destensar el ambiente. Supongo que os habéis dado cuenta, por los carteles que hay por ahí y porque seguro que os encontrásteis a algún candidato en el mercado, que en Asturias tenemos elecciones autonómicas otra vez. Llevamos en campaña un año y eso se nota en que cualquier decisión que tomes en la vida tiene una lectura política. Te gusta un concierto que van a dar en el Niemeyer pero te lo piensas dos veces antes de ir porque dices que si vas igual es que apoyas a unos y si no vas, es que eres claramente de los otros. Y el listado de temas de los que un asturiano de a pie elige no hablar para evitar pugnas es cada vez mayor: Niemeyer, Festival de Cine de Gijón, la RTPA (Sí), el lobo como especie cinegética, los complementos de vestuario de Cherines, los fondos mineros...Ése asturiano de a pie sufridor (y amante de la sidra) ni siquiera puede hablar ya de que en su oficina están cambiando el mobiliario porque seguro que alguien se pone a pensar mal.

La pita postmoderna

(Publicado el 14 de marzo de 2012 en La Voz de Asturias)
Les Cuenques son uno de los pocos sitios del Mundo en el que te puedes encontrar a unes pites roxes pastando en una rotonda que da acceso a una autovía. Esto es así. Postmodernismo en estado puro. Sé que hay gente a la que este comentario le puede parecer mal y sé también que alguno dirá: Mira ésta tiparraca poniendo a les cuenques mal para que se rían de nosotros y piensen que estamos/seguimos sin civilizar. Pero nada más lejos de la realidad. Mi intención nuca será hacer daño a esta tierra. Todo lo contrario. Soy "cuencófila" y "pancuenquista". Lo primero no lo puedo remediar: Me gusta todo de aquí. A lo segundo llegué por trabajo y, después de cinco años puedo decir que incluso en Mieres se puede encontrar una a gente maja por la calle. Afirmación que debe contar el doble porque viene de una langreana. Sí, me gusta todo de Les Cuenques. La sidra, los chigres, los pueblos, las calles, la gente, los vestigios industriales, las batas de flores de las mujeres y esa tendencia a mezclar risa y tragedia que, sin duda, nos hace dueños de uno de los humores negros más extravagantes de España. "Nos estamos quedando sin homes...¡Tan bien tous pallá, cangondiola!. Ponme una chapata", sentí decir a una mujer -con bata de flores- el otro día en la panadería. Todas las que estábamos a la cola nos reímos con la ¿gracia? de la señora que se vino arriba ante el éxito de crítica y público comenzó a recitar los pésames a los que había acudido en los últimos quince días. "¡Sin homes...!¡Venga!....¡Sin homes!", se fue gritando camino del Adaro mientras el resto de clientas y la mismísima panadera continuábamos riendo. ¡Vete tú a indagar el por qué!
Bueno yo, a todo esto, hago referencia a lo de les pites en la rotonda porque como lo del carbón no pinta bien y lo de la reconversión, ¿cómo decirlo sin que esto acabe en un disgusto?, pues tiene sus "lagunillas", creo que lo que tenemos que hacer es empezar a vender ipsofácticamente nuestra idiosincrasia, que esa sigue teniendo mucho éxito entre los forasteros. Yo ya me lo estoy imaginando. El Nalón y el Caudal llenos de modernos venidos de todos los puntos del planeta para ver y fotografiar las praderías cerradas herméticamente con somieres de muelles (práctica extendida a todo el Principado) o los muros con pintadas en las que se pueden leer palabras que son versos, reivindicaciones y, a la vez, amenazas. Como esa de: «Cualquier dii t' atarazo». (No digáis que no parece italiano del mismísimo Dante).
Ademas de modernos con gafas de pasta y cámara de fotos, aquí también podrían venir científicos de diversas disciplinas. Antropólogos que estudien el por qué de que, tenga la edad que tenga, el ejemplar macho de estas comarcas siempre acabará con un codo apoyado en la barra de un bar una pierna semiflexionada hacia atrás. Lingüistas que demuestren que las expresiones «calla ho» y «calla ne» bien podrían ser nombradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad o sociólogos que aclaren las razones que nos llevan a discutir cualquier cosa como si nos estuviéramos matando para terminar invitándonos a sucesivas rondas que, éstas sí, pueden acabar en tragedia. Pero eso ya es otra historia.

13 de marzo de 2012

El niño vintage

(Publicado en La Voz de Asturias el 8/03/2012)
Yo es que he ido a esquiar siendo niño”. Así, con su pretérito perfecto mal puesto y todo, se explicaba un antiguo compañero de colegio el otro día en Facebook. Hice memoria para recordar la infancia compartida, pero nada. A mi cabeza solo vinieron imágenes de una cuesta y de un par de sacos de plástico con los que nos azotábamos monte abajo sin miedo a nada, salvo a la bronca materna por alternar pingaduras con unos manchurrones de carbón que no salían ni con jabón del chimbo . Bueno, pues parece ser que aquel deporte de riesgo, con el cambio de milenio, se ha convertido en esquí alpino.

Toda la culpa es del recorrido que está teniendo la década de los ochenta. La cosa está así: los que tuvimos infancia ochentera estamos rentabilizando mejor los chándals de táctel, los juegos reunidos y la aventura que siempre es tener unos padres con hombreras que el dinero que nuestras respectivas güelas nos metieron en esas primeras cuentas de Cajastur que todo asturiano de bien estrena antes que el primer diente.

Ahora resulta que esas megagafas de pasta negra que hicieron la vida imposible a más de uno en la escuela son cool porque son vintage . Vamos, que los hubo que tuvieron que aguantar toda la EGB cariñosos apelativos como cuatro ojos, cegato, ciego, topo y/o gafotas; y a los que, en estos momentos de la vida, no les queda otra que soportar que sus amigos, los mismos que les insultaban, luzcan unas bifocales de tal tamaño cuyos cristales guapamente se le podrían encargar a Rioglass para evitarle otro ERE. Si pasas una niñez traumatizado porque no quieres llevar gafas y una juventud conteniéndote para no arrancárselas de cuajo a todo bicho viviente de tu alrededor, lo normal es que acabes en la consulta del psicólogo.

Lo de que un experto analice tu modus operandi en la sociedad para luego reconducirte por el buen camino, eso sí es nuevo para los que ahora somos treintañeros. La psicología y la pedagogía durante nuestra escolarización tenían solo tres caminos a seguir. A saber: borrador en la frente con una velocidad de saque que ya quisiera Nadal; colleja en la nuca con efecto lexatín y/o visita al despacho de dirección donde te librabas de lo primero, pero lo segundo flotaba en el ambiente como una amenaza perpetua hasta la hora del recreo.

No digo yo que aquello fuera mejor que lo que hay ahora. Simplemente era distinto y se asentaba en otros principios. Lo que buscaban los mayores entonces era que aprendieses a arreglártelas por tu cuenta en el medio hostil que era la vida y, sobre todo, que les dejases a ellos vivir la suya en paz. Esta filosofía paternal de éxito se basaba en el principio neoliberalista de “laissez faire, laissez passer”. Siempre, eso sí, que no interfirieras en las conversaciones y el devenir de los adultos, porque entonces tiraban de otro gran filósofo de su época, que era Serrat, y rápidamente te soltaban aquello de “niño, deja ya de joder con la pelota. Niño que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca”.

Hakuna Matata

(Publicado en La Voz de Asturias el 1/03/2012)

Me gusta vivir la vida al límite, así que lo voy a decir sin rodeos: No me molesta que los catalanes hablen catalán. ¡Hala, ya está!. Me pasa desde siempre. Es más, siendo una guaja hasta me halagaba que los pocos catalanes con los que coincidía en mis veranos por el Oriente astur hablaran catalán en mi presencia. Creía, en mi ignorancia idiomática, que lo hacían porque nos intentaban imitar a los asturianos. ¿Qué queréis? Los escuchaba decir que tal cosa valía “un duru” o no sé “cuántes pesetes” y me decía: mira qué majos estos catalanes que ya que vienen aquí intentan integrarse en el medio también desde la palabra. Claro que “estos catalanes” que conocía yo en concreto eran muy de integrarse en la sociedad llanisca porque bailaban el pericote mejor que nadie y birlaban al bolo palma como si sus güelos fueran del mismísimo Cuera.

Me hacía gracia el catalán, que entendía a medias. Y me admiraba el euskera. Tanto que hasta le pedí a uno de los niños vascos con los que trataba que me enseñara a decir los números hasta el infinito. Y aprendí. Fue en una sobremesa de barbacoa mientras los mayores arreglaban el mundo. Lejos de ser algo inútil en la vida, mi conocimiento del nombre de los números en vasco me convirtió en una atracción de feria durante mi infancia. (Mires por donde lo mires, era bastante raro que una neña de Ciañu supiese decir “ciento veintisiete” en euskera). Lo peor es que aún sé. Llegados a este punto debo confesar que gané bastantes apuestas en mi juventud por tierras madrileñas gracias a esta memoria selectiva que tengo y que funciona por parámetros abertzales.

En Madrid, seis de cada diez personas a las que conocí creyeron, de mano, que era gallega. No me parecía mal. Al menos me colocaban al norte. Pero había algo dentro de mí que rascaba. “¿Gallega, cómo que gallega? Pero vamos a ver, fatu, cómo que gallega, ho”. Sí, sí. Cinco años en la capital del reino y no sólo no se me quitó ni gota del acento cuenquil, es que llegó a agudizarse más si cabe. Mi madre está convencida a estas alturas de que nunca pasé de Campomanes en aquel lustro de estudios periodísticos, que la engañé. El colmo de los colmos, en tierras castellanas, fue cuando una compañera me preguntó -y reproduzco literal-, por qué hablaba yo en “castellano antiguo”. No sabía si reírme o darle a conocer algunas de las toscas y descorteses expresiones con las que nos solemos expresar en ciertos trances las “castellanas antiguas”. Opté por la risa porque siempre es más entretenida. Como escuché el otro día a no sé qué tertuliana radiofónica: “El pesimismo es cansado”. Y tanto. En épocas de crisis florecen los pesimistas y los aguafiestas, gente a la que todo le parece mal. Que haga sol, que llueva, que estamos en un país de pandereta, que los franceses son lo peor y ellos son los que se drogan, que si la república, que si la monarquía, que por qué los catalanes hablan catalán. De verdad lo digo, dan cansancio, sí, pero también mucha pereza. Como decimos los miembros de la generación Disney: Hakuna matata, por favor.

28 de febrero de 2012

Ovación

Rodolfo odiaba su nombre tanto como odiaba a su madrina por habérselo puesto. Claro que a ella también la odiaba por otras cosas. La más importante, por haberse ido tan lejos, a Alemania. Allí se tuvo que marchar él con ella para buscarse la vida. "Te vas a casa de tu madrina, que tiene sitio", le dijo su madre. Tenía catorce años y mil pesetas. Se fue del pueblo en una furgoneta que recogió a otros tres chicos por el camino. El frío que sintió en aquel viaje no fue nada comparado con el que sufrió durante los siguientes siete inviernos. Aprendió, eso sí, un oficio. El idioma le costó. Entendía más que hablaba por eso se pedía siempre el turno de tarde, el de los andaluces, para tener con quién departir. Y ganó mucho dinero. Lo ahorró casi por completo y al cumplir los 21 decidió volver a España. Dijo que se apuntaba a servir en el ejército. Era mentira. Sólo quería volver. A secas.

Rodolfo hizo la mili, sí. Dos años y otros dos de voluntario. Llegó a sargento y, al igual que el día que decidió marchar de Alemania, una tarde se cuadró y pidió permiso para colgar el fusil. Ahora quería entrar en la mina. Nada más.

Al ser huérfano de minero lo tuvo fácil. Entró. Casi al mismo tiempo conoció a Blanca, la hija del boticario que le daba clases nocturnas para sacarse el graduado. Cuatro años de novios y una boda por todo lo alto rubricaron a la pareja que no tardó en tener descendencia. Primero nacieron los niños, dos. Se negó a ponerle a alguno Rodolfo. La tercera fue niña. Se llamó Isabel. Y de eso han pasado ya casi cuarenta años.

"¡Cuarenta años!". Dijo en voz alta Rodolfo mientras de fondo su yerno rumiaba algo de que "¡es un asco, cuando llamas a la empresa de telefónica siempre te coge el teléfono un sudaca! ¡Con el paro que hay en España!". "¿Qué dices de cuarenta años, papá?, le preguntó su hija. "Nada, que me estaba acordando de lo mal que se pasa cuando uno está fuera de casa, y no conoce a nadie, y no le sabe igual ni el pan, ni el agua, ni el arroz. Estaba pensando que es difícil no entender por qué tienes que vivir lejos de los tuyos y pensaba también que si encima tienes que aguantar al idiota de tu marido pues entonces apaga y vámonos".

Por la cara que puso, Rodolfo no contaba con llevarse la ovación que se llevó de medio restaurante cuando terminó la frase.

31 de enero de 2012

"No juguéis ahí"



"No juguéis ahí". Les repetía su tío Cundo cada vez que veía cómo se acercaban al final de la finca, justo al lado del pequeño precipicio desde donde se divisaba todo el valle. "No juguéis ahí, ¡venir para acá!". Y ellos creían que lo que temía el Cundo era que, entre la brutalidad de los mayores, Iván y Rodrigo, y la torpeza del pequeño Fernando, que venía de Madrid cada verano y ni siquiera sabía andar en madreñas, se armara alguna gorda y hubiera un accidente. Pero no.
Dos años después de la muerte del tío, Fernando lo entendió todo. Él, que ya había cumplido los cuarenta, y que además de aprender a andar en madreñas también se había convertido en todo un lúcido profesor de Ecología e Impacto Medio Ambiental de la Universidad Politécnica solo necesitó saltarse una vez la orden del hermano de su abuelo para entenderlo todo.
Había decidido hacer un pequeño merendero en aquel balcón natural que ofrecía una vista única. Lo iba a hacer con sus propias manos. Aprovechando la benevolencia de un invierno más suave y menos lluvioso de lo normal, Fernando subió en su coche los aperos y se puso manos a la obra en una tarde de domingo de finales de enero. Tan solo clavó una vez la pala en la tierra. Al retirar la herramienta se encontró la evidencia trágica y escuchó, en el fondo de su cabeza, las tres palabras del tío Cundo: "No juguéis ahí".
Cinco cuerpos. El equipo de voluntarios arqueólogos confirmó que, en aquel pequeño espacio de terreno que "daba al precipicio desde donde se divisaba todo el valle", había cinco cuerpos: "De cuatro hombres y una mujer". Así lo constató el juez tiempo después. Firmó el levantamiento de los cadáveres sin apenas mirar el informe de 1.200 hojas que habían preparado a conciencia y en el que contaban que los cuatro hombres eran Leocadio el ferroviario; los hermanos Mateo y Pedro; el joven Nicanor y la, única mujer, Eulalia, posiblemente la maestra más guapa de toda la comarca, y cuya única foto había estado presidiendo la habitación del tío Cundo hasta el día de su muerte.
(*Dedicado al juez Baltasar Garzón y a todos los que defienden la dignidad de los que fueron acallados con dos palmos de tierra)

2 de enero de 2012

Saltos

Mira por donde, el jersey de lana que su tía Carmina le había metido en el bolso a última hora, iba a servir para algo.
-¿Qué haces, tía? ¿Un jersey? Pero que voy a Australia, que allí ahora es verano, que no me va a hacer falta.
-Dice ella que verano, ¿pero vamos a ver, mi alma, cómo va a ser verano si estamos en enero? Tú cógelo, que para eso lo hice, y si no te vale, pues lo guardas para cuando vengas....Dice que verano...¡esta chavala está fatal!-había sentenciado la tía Carmina antes de darle un billete de cincuenta euros y pedirle que se cuidara mucho.
En casa no hubo grandes despedidas. Todos se habían prometido en la cena de Navidad que nada de escenas dramáticas. Ella se iba a trabajar a la otra esquina del mundo sí, pero no le quedaba otra. Además, con internet, se verían todos los días.
Ni su licenciatura superior en la Escuela de Minas ni sus ocho años de trabajo en una constructora le habían servido para labrarse un futuro estable hasta ese momento. Estaba harta de cobrar dos duros por currar lo suyo y lo de los demás. Así que cuando recibió el correo electrónico con la oferta de trabajo no se lo pensó mucho. "Empresa australiana precisa Ingeniero Superior de Minas para proyectos relacionados con la captación de aguas subterráneas". ¡Perfecto!. Su proyecto de fin de carrera la había hecho toda una experta -y enamorada- en la materia y su nivel de inglés era más que aceptable. El sueldo acabó por convencerla: 63.000 euros brutos al año durante seis años y dos viajes a España pagados por la empresa, uno en verano y otro en Navidad.
Y allí estaba, solo dos meses después de responder aquel correo electrónico, en un avión camino de Sidney.
-¿Eres Violeta Morales?
-Sí, sí, sí...-titubeó ella que se había quedado absorta mirando por la ventanilla.
-Vente para atrás con nosotros, llevamos dos horas calculando quién de todas las mujeres que van en turista sería Violeta Morales y por fin te encuentro. Ya pensábamos que no existías. Por cierto, me llamo Esteban, y no te asustes, no ha pasado nada, somos compañeros de trabajo. Yo y aquellos cafres del fondo que oyes gritar. Pero coge tus cosas y vente para acá que tienes mucho que oír. ¿Sabes cocinar? Esperamos que sí, eres la primera asturiana del grupo y la verdad, una fabada no vendrá mal de vez en cuando.
Esteban encadenaba un tema con otro y apenas la dejaba responder. Cuando se dio cuenta él ya llevaba su equipaje de mano hacia la cola del avión.
-¿Tendrás algo para taparte, no? Es que atrás hace un frío que pela.
Violeta abrió el bolso y con la mano derecha tocó el suave jersey de lana gorda de su tía Carmina.*
(*Para los que cruzáis charcos y sueños en busca de un futuro mejor)